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Decisiones por el bien de la empresa. Maricela Parra
Decisiones por el bien de la empresa. Maricela Parra
En las organizaciones hablamos constantemente de bienestar, cultura, liderazgo, desarrollo y experiencia del colaborador. Y es correcto hacerlo.
Sin embargo, existe una conversación igualmente importante: la responsabilidad de tomar decisiones pensando en lo que la empresa necesita para permanecer, crecer y sostenerse en el tiempo.
No toda decisión que nos gusta es necesariamente buena para la organización. Tampoco toda decisión conveniente para una persona, un equipo o un área es, por esa sola razón, la mejor para el negocio.
Ahí comienza uno de los verdaderos signos de madurez organizacional.
De la conveniencia al criterio organizacional
Conforme una empresa crece, también aumenta la complejidad de sus decisiones. Ya no basta preguntarnos: "¿Esto me funciona?”, "¿Le conviene a mi área?” o "¿Así lo hemos hecho siempre?”.
La pregunta debe evolucionar hacia:
¿Qué necesita la organización para cumplir su propósito, sostener su operación y continuar desarrollándose?
Pensar así no significa ignorar a las personas. Significa comprender que la empresa es un sistema y que una decisión tomada desde una sola perspectiva puede afectar productividad, rentabilidad, servicio, cultura, cumplimiento o crecimiento.
La profesionalización implica precisamente eso: depender menos de preferencias individuales y cada vez más de criterios institucionales.
La empresa también necesita ser cuidada
Durante años hemos avanzado en reconocer las responsabilidades de las organizaciones hacia su talento: condiciones laborales adecuadas, liderazgo respetuoso, desarrollo, reconocimiento, comunicación y ambientes saludables. Pero la relación también requiere corresponsabilidad.
Cada puesto contribuye a generar valor. Cada proceso utiliza recursos. Cada decisión produce consecuencias y cada resultado fortalece o debilita la capacidad de la organización para continuar operando.
Por eso, una cultura madura también reconoce que cuidar a la empresa es responsabilidad de quienes forman parte de ella.
No desde el sacrificio personal ni desde una obediencia irrestricta, sino desde la comprensión de que la sostenibilidad empresarial y el desarrollo del talento son interdependientes.
Sin una organización viable no existen empleos sostenibles, planes de carrera, inversión, crecimiento ni nuevas oportunidades.
Cultura también es aprender a decidir
La cultura no se construye únicamente con valores escritos. Se construye en las decisiones cotidianas: aquello que priorizamos, toleramos, modificamos y protegemos.
Un liderazgo maduro escucha y considera el impacto humano de sus decisiones, pero también comprende cuándo es necesario establecer límites, cambiar procesos, reasignar recursos o abandonar prácticas que dejaron de ser funcionales.
Liderar no siempre significa elegir lo que genera mayor aceptación inmediata.
En ocasiones significa elegir lo que permitirá que la organización continúe existiendo mañana.
La transformación cultural también ocurre cuando pasamos de "mi área” a "nuestra empresa”, de "mi resultado” a "nuestro resultado” y de "¿qué me conviene?” a "¿qué necesita la organización?”
La empresa debe cuidar a su talento, pero el talento también participa en el cuidado de la empresa.
Cuando ambas responsabilidades se encuentran, aparece algo más profundo que el compromiso: la corresponsabilidad organizacional.
Para reflexionar
Ante una decisión importante, vale la pena preguntarnos:
¿Estoy eligiendo lo que me resulta conveniente o lo que verdaderamente necesita la organización para sostenerse, crecer y trascender?
Muchas transformaciones culturales comienzan precisamente ahí: en la manera en que aprendemos a decidir.
Maricela Parra
Maricela Parra es Psicóloga, Neurocoach Profesional y MBA en Dirección de Talento. Su misión ha sido siempre una: impulsar el crecimiento humano y empresarial desde adentro hacia afuera.
Con más de dos décadas de experiencia, ha dejado huella en el sector financiero y comercial trabajando con empresas como ING-Bital e Inbursa, y liderando equipos de alto rendimiento en corporativos internacionales como Avon Cosmetics México, American Express México y Belcorp. También ha llevado su liderazgo al mundo inmobiliario con Grupo Orve y Marnez Desarrollos.
Hoy, como directora de su firma Astrea – Instituto de Desarrollo Empresarial y Profesional, Maricela acompaña a líderes y organizaciones a transformarse con estrategias que combinan gestión por competencias, neurocienca, coaching y experiencia real en los negocios. Además, comparte su visión en la revista Líder Ejecutivo, donde inspira a profesionales a convertirse en la mejor versión de sí mismos.
Su trayectoria refleja algo más que logros: refleja una vocación por desarrollar personas, fortalecer equipos y abrir caminos hacia el éxito sostenible.
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