El Efecto Lucio ¿Te has rendido?
En una pecera un grupo de científicos coloca a un lucio, un pez depredador, agresivo y sumamente voraz, en la misma pecera dividida por una pared transparente meten a varios peces pequeños que representan su alimento ideal.
Como es de suponerse, el lucio se lanza sobre los peces pequeños que son su alimento, sin embargo, choca de frente contra la pared transparente que divide la pecera. Retrocede y lo intenta de nuevo, y lo vuelve a intentar hasta incluso lastimarse por tanto golpe. Finalmente, exhausto, adolorido y convencido de que es físicamente imposible alcanzar su meta, el lucio se rinde. Se retira al rincón más oscuro de la pecera y deja de atacar.
El experimento da un giro inesperado cuando los científicos retiran la pared transparente que separa al lucio de los pececillos, ahora no hay nada que se interponga en el camino. Los pececillos comienzan a nadar libremente, pasando incluso a milímetros de la boca del depredador. Cualquiera pensaría que el lucio aprovecharía el banquete. Pero no lo hace. El lucio se queda inmóvil, mirando la comida, y muere de hambre en una pecera repleta de alimento.
Para el lucio, la barrera seguía existiendo.
La moraleja es simple. "No mueras de hambre en un acuario lleno de opciones”
La historia del lucio es una metáfora exacta de lo que los psicólogos llaman indefensión aprendida. Nos demuestra que lo que verdaderamente nos detiene en la vida no son las dificultades reales del presente, sino el peso de los fracasos del pasado.
Muchas veces, las condiciones que antes te frenaban ya no existen; la pared transparente ha sido retirada, pero sigues actuando bajo el guión de tus viejas heridas, de tus aprendizajes del pasado. A menudo esos fantasmas se activan con frases como "Ya lo intenté una vez y me rompieron el corazón, no lo volveré a hacer", "Postulé a ese puesto hace años y me rechazaron, para qué lo intento de nuevo", o "Emprender no es para mí, ya quebré un negocio en el pasado".
Asumimos que una situación es permanente solo porque dolió la primera vez. Nos autoconvencemos de que el muro sigue ahí, congelando nuestro potencial y haciéndonos "morir de hambre" emocional, profesional o económicamente, a pesar de estar rodeados de nuevas oportunidades.
¿Qué hacer?
La conciencia no es más que aceptar en el tiempo presente cómo me relaciono con los fenómenos externos, cómo me afectan y qué tanto se puede influir en ellos. Si quieres resetear tu mente y volver a intentarlo, pon en práctica esto:
Cuestiona tus verdades absolutas. Cada vez que pienses "no puedo", pregúntate si estás basando esa afirmación en la realidad de hoy o en un recuerdo de hace cinco años o incluso de tu niñez.
Haz pruebas de impacto de bajo riesgo. No necesitas lanzarte de golpe. Da pequeños pasos para testear el entorno. Te sorprenderá ver que, donde antes había un golpe seco, hoy el agua fluye libremente o sigue habiendo un golpe seco.
La fuerza para desaprender. Tan importante es aprender cosas nuevas como tener el valor de desaprender los límites que te auto impusiste para protegerte en el pasado. Las armaduras que te salvaron ayer pueden ser la prisión que te encierre hoy.
La próxima vez que sientas miedo de intentar algo porque "ya fallaste ahí", acuérdate del lucio. Date el beneficio de la duda. Muévete un poco hacia adelante. Puede que te lleves la enorme sorpresa de descubrir que el cristal, finalmente, ya no está.
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