¿Como elegí mi primer camino? Rodolfo López Quián

¿Como elegí mi primer camino? Rodolfo López Quián

 

Descubriendo el camino de Santiago ¿Cómo elegí mi primer camino?

El Camino de Santiago se recorre tres veces: la primera, cuando se sueña; la segunda, cuando se anda; y la tercera, cuando se recuerda. En cada una de esas etapas, el alma del peregrino va dejando huellas que no se borran con el tiempo, como si cada paso tuviera vocación de eternidad.

Al regresar del viaje a Colombia, con el corazón aún tibio de nostalgias y el alma encendida por la idea de peregrinar, supe que era momento de hacer algo más que imaginar el Camino: había que trazarlo. Julia, mi esposa, había aceptado acompañarme, no por conocimiento ni vocación jacobea, sino por esa lealtad tranquila que une a quienes se aman cuando el horizonte se vuelve incierto. Sabía que no me dejaría cruzar solo el océano, ese charco inmenso que separa a México de Europa y que, en nuestra caso, sonaba más a leyenda que a geografía.

Ni ella ni yo teníamos condición física. Ni habíamos caminado más allá de lo cotidiano. Ni sabíamos nada, absolutamente nada, del Camino de Santiago. Por eso supe que aquella primera vez no sería la única, pero sí tenía que ser la más prudente.

Alguna vez escuche hablar de un pergamino místico: la Compostela. Un documento oficial, sí, pero también un símbolo de transformación. Se decía que para obtenerla bastaba con recorrer cien kilómetros a pie o a caballo, o doscientos en bicicleta, con el corazón alineado a un propósito espiritual o de búsqueda interior.

Con ese norte claro y una brújula de fe y curiosidad, comencé a investigar. Supe que el Camino Francés, por donde anduvieron reyes, santos, poetas y mendigos, era el más transitado de todos, y que desde Sarria hasta Santiago de Compostela había un tramo de 115 kilómetros, suficiente para obtener la Compostela y para poner a prueba el cuerpo sin condenarlo.

Pero aún había preguntas que clamaban respuestas. ¿Cómo demostrar que había hecho el camino? ¿Qué señales debía llevar el peregrino en esta época sin milagros visibles? Fue entonces que encontré la clave: la credencial del peregrino. Una especie de pasaporte sagrado que debía sellarse, al menos dos veces por día, en iglesias, tabernas, albergues, y hasta en cafés donde los caminos se cruzan como si el tiempo jugara a la complicidad con los viajeros.

Sarria, supe después, era punto de partida de miles, quizá millones de caminantes, precisamente por eso: era el mínimo para merecer el testimonio escrito de una transformación silenciosa. Y aunque el desconocimiento nos envolvía como una bruma, mis ganas eran más tercas que el miedo. Elegí lo que parecía más seguro: el Camino Francés, desde Sarria hasta Santiago.

Resuelto lo esencial, vino el dilema práctico: ¿hacerlo solos o acompañados?, ¿a la intemperie de la incertidumbre o bajo el amparo de una agencia? Consulté a una amiga que ya había hecho el camino dos veces —una por curiosidad, la otra por convicción—, y me sugirió que fuéramos por nuestra cuenta. Pero el impulso era aún verde, como fruta de mayo, y decidimos confiar en una agencia especializada, que nos asegurara un techo cada noche, una cena caliente y una cama digna del cansancio que sabíamos vendría.

Muchos prefieren dejarse llevar por el Camino, sin plan ni reservas, durmiendo en albergues donde el ronquido es parte del coro nocturno y el cansancio compartido se vuelve fraternidad, y con los olores algo alejado de las fragancias de Francia y más cercano a la cotidianidad de un suburbano en medio día de verano. Nosotros, en cambio, necesitábamos todavía el consuelo de lo previsible.

Por ahora, solo puedo decir que nos empapamos de videos en YouTube, buscando entender eso que aún no podíamos dimensionar, pero que ya empezaba a llamarnos con la voz del Apóstol Santiago acariciando nuestros oídos.

Espera querido lector la siguiente entrega de esta historia.

Dr. JOSÉ RODOLFO LÓPEZ QUIAN

Es Doctor en Ciencias de lo Fiscal por el Instituto de Especialización para Ejecutivos, Maestro en Mercadotecnia por la Universidad Anáhuac Mayab, Contador Público egresado de la UADY, Instructor Certificado con normas de competencia laboral con más de 30 años de experiencia. Maestro en Programación Neurolingüística. Ha impartido capacitación en diversos colegios y asociaciones especializadas. Integrante de Comisiones consultivas de fiscal, finanzas y comercio exterior del Colegio de Contadores Públicos de Yucatán y Sindico Titular del mismo colegio ante al SAT por el periodo 2019 - 2023.

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