Felicidad desde Adentro. Arantza Arouesty

Felicidad desde Adentro. Arantza Arouesty

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Ya eran las 3:00 a.m., y ambos habíamos bebido demasiado, pero aun así, tomé la peor de las decisiones de aquella noche. Gustavo me pidió que me quedara a pasar la noche en su casa para que no tuviera que regresar a la de mis papás (donde yo vivía) en aquellas condiciones. No lo hizo por empatía, sino por no tener que preocuparse por mi seguridad. Me pude haber quedado con él, pero ya no quise despertar a mis papás para avisar y se me hizo fácil continuar manejando. 

Sólo que no llegué a mi destino. Choqué con una banqueta en una lateral elevada del periférico, la dirección se rompió, y mi coche salió despedido unos cinco metros hacia abajo. Con la velocidad que llevaba, dio varias vueltas de campana quedando destrozado, junto con la barda de contención y el pavimento. No me maté porque no me tocaba. 

Gustavo se enteró del accidente porque, ya en el hospital, le pedí a mi mamá encarecidamente que le marcara, cuando yo todavía estaba por entrar a rayos X. Te imaginarás la gracia que le hizo, pero no me quiso contrariar en esos momentos de angustia para todos. Al día siguiente, luego de curarse debidamente la cruda, mi flamante macaco (Gustavo) me fue a visitar, pienso yo, para ahorrarse mi drama de despecho. Estando frente a mí, su mamá le marcó al celular, y lo que escuché me dejó atónita: 

—Sí, jefa, no tardo mucho, es que una amiga se puso el coche de sombrero, y vine a ver cómo estaba. Bueno, jefa, ahí nos vemos en un ratón. 

—¿¿¿Amiga??? ¿Eso soy para ti? Me acabo de partir la madre por llevarte a tu casa, a donde llegaste sano y salvo, y para ti sólo soy ¿tu amiga? 

Si te estás preguntando qué sucedió después y si le perdoné el agravio, te diré que mi apego hacia él era tan grande, y mi autoestima tan pequeña, que al final le quité importancia al asunto y me concentré en el hecho tan increíblemente fortuito de haber sobrevivido al choque. No me importó quedarme sin coche -había sido pérdida total-, o que Gustavo el macaco me degradara ante su mamá, incluso tampoco me importó que mi papá se hubiera enojado tanto conmigo que me retirara el habla durante meses. Nada tenía en realidad relevancia, salvo que estaba viva. 

Extracto de Felicidad desde Adentro de Arantza Arouesty

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