La continuidad de una empresa familiar comienza mucho antes de la sucesión. Lucila Torres Ortiz

La continuidad de una empresa familiar comienza mucho antes de la sucesión. Lucila Torres Ortiz

 
Las empresas familiares representan alrededor del 95% de las empresas en México y constituyen uno de los principales motores de empleo, desarrollo económico y construcción de patrimonio. Sin embargo, el 52% de las empresas familiares mexicanas presenta algún nivel de riesgo para su continuidad, principalmente por la falta de institucionalización, gobierno corporativo y planeación de la sucesión.

Estas cifras nos llevan a una reflexión fundamental: ¿qué hace que una empresa familiar trascienda de una generación a otra?

Su principal diferencia frente a otras empresas no radica únicamente en su modelo de negocio. Una empresa familiar se construye alrededor de una historia: la visión de un fundador, los sacrificios realizados, las decisiones difíciles, los errores, los aprendizajes y los valores que dieron origen a lo que hoy existe.

Para que esa historia continúe, es necesario mantener en equilibrio tres dimensiones fundamentales: la familia, la empresa y la propiedad. La familia busca preservar la armonía y fortalecer sus vínculos; la empresa necesita ser rentable, competitiva y generar valor para la sociedad; mientras que la propiedad representa el patrimonio que da continuidad al proyecto. Cuando alguna de estas dimensiones predomina sobre las demás, comienzan a surgir tensiones que pueden poner en riesgo tanto la unidad familiar como el futuro del negocio.

En muchas PyMEs familiares mexicanas, el fundador concentra simultáneamente los roles de propietario, director general, líder familiar y principal tomador de decisiones. Este liderazgo suele ser indispensable durante las primeras etapas de crecimiento; sin embargo, con el paso del tiempo puede convertirse en un riesgo si el conocimiento, las relaciones y las decisiones permanecen concentradas en una sola persona.

Por ello, la continuidad requiere evolucionar. Implica construir estructuras claras de comunicación y autoridad, definir roles, responsabilidades y perfiles, profesionalizar la gestión y establecer mecanismos de gobierno que permitan tomar decisiones más allá de la voluntad individual de quien inició la empresa.

Pero existe una pregunta aún más profunda que pocas familias empresarias se hacen:

¿Hemos creado las condiciones para que las nuevas generaciones quieran hacer de esta empresa parte de su proyecto de vida?

Porque no se puede querer aquello que no se conoce.

La sucesión no comienza cuando el fundador decide retirarse ni cuando se entrega la dirección de la empresa. Comienza mucho antes, cuando las nuevas generaciones empiezan a construir una relación con la historia del negocio y descubren el significado que tiene para su familia.

Ese vínculo se forma cuando un niño conoce y participa de la historia detrás del negocio; cuando un adolescente escucha cómo sus padres o abuelos enfrentaron momentos difíciles; cuando un joven comprende los aciertos, errores y aprendizajes que hicieron posible la empresa que hoy existe y, además, encuentra espacios para expresar sus ideas, hacer preguntas y aportar nuevas perspectivas.

Generar espacios de convivencia familiar alrededor de la empresa, construir memorias juntos, permitir una participación gradual y abrir conversaciones sobre el futuro son acciones que fortalecen un vínculo que ningún protocolo, reglamento o documento puede imponer: el sentido de pertenencia.

Preparar a las nuevas generaciones tampoco significa que todos deban trabajar en la empresa. Algunos podrán liderarla, otros participar desde la propiedad, otros aportar como consejeros y algunos más construir su propio camino profesional. Lo importante es que cada decisión nazca del conocimiento, la comprensión y la libertad, no del desconocimiento o la obligación.

La brecha generacional tampoco se resuelve esperando que una generación piense igual que la otra. Se supera cuando la experiencia del fundador encuentra espacios para dialogar con la creatividad, la innovación y la energía de quienes escribirán el siguiente capítulo de la empresa.
Tal vez la pregunta más importante para una familia empresaria no sea:

¿Quién continuará nuestro negocio?

Sino:

¿Qué estamos haciendo hoy para que la siguiente generación conozca nuestra historia, valore nuestro legado y quiera formar parte de él?

Porque una empresa familiar no trasciende únicamente cuando hereda acciones o patrimonio. Trasciende cuando logra transmitir propósito, confianza y el deseo genuino de cuidar aquello que varias generaciones han construido.


Es consultora de procesos y administración de proyectos bajo la metodología PMI. Coach ontológico personal y empresarial con un enfoque práctico y resolutivo en áreas de desarrollo organizacional e integración de equipos. Utiliza el coaching, principalmente apoyado en emociones positivas y gestión de cuerpo, como una herramienta innovadora para el desarrollo de líderes.

Ha impartido cátedras en prestigiosas Universidades del país.

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COMENTARIOS

Anónimo
Me parece genial el tema y saber abordarlo desde antes que suceda la necesidad de hacerlo.

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